| Paul Auster: padre de 180 historias |
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| por Rubén Don | ||||||
| 06 / 2004 | ||||||
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Paul Auster (editor)
Recopilación de relatos de la vida norteamericana.
¿Qué podrían tener en común un cartero, un marino mercante, un conductor de trolebús, una lectora de contadores de gas y electricidad, un restaurador de pianos, un especialista en limpiar lugares en donde se ha cometido un crimen, un músico, un hombre de negocios, dos sacerdotes, un recluso, varios médicos, diferentes tipos de amas de casa, granjeros y ex militares? Probablemente poco, o nada, salvo la necesidad de ser escuchados. Estos son sólo algunos de los personajes de la vida cotidiana estadounidense que el escritor Paul Auster ha reunido en “Creía que mi padre era Dios”, cuya edición en inglés salió en el 2001, y rápidamente fue publicada en español por Anagrama en el 2002 bajo la colección Panorama de Narrativas, y que este 2004 la editorial presenta en su serie de Compactos. Generalmente, desde cierto sentido estricto, cualquier escritor es egoísta si tomamos en cuenta que sus propios textos se vuelven el punto central creativo; es decir, lee lo que él mismo escribe, y desde luego lee aquello de lo que se va apropiando como parte de “sus” lecturas que suele tomar de lo ya publicado, y que casi siempre pertenecen a los clásicos. Sin embargo Auster se “tomó la molestia” de interactuar con cerca de 4 mil personas que durante dos años estuvieron enviando sus propias experiencias al Proyecto Nacional de Relatos, manejado por la Radio Pública Nacional, en donde el escritor neoyorquino daba lectura a las mismas, que cada vez más –como él mismo reconoce- variaban el sentido de lo que la gente quería contar. Convencido de que las historias podían perderse después de ser leídas por la radio, Auster tomó la determinación de seleccionar “algunas” de las 4 mil, para llevarlas a un libro. Todos los relatos son breves, quizá la mayoría carecen de un rigor literario y caen en la categoría de lo anecdotario, pero están contados con el recurso de la espontaneidad, es decir, con esa convicción del narrador que le hace sentir que su experiencia vale la pena ser compartida. Así, los animales, los objetos, la familia, los disparates, los sucesos extraños, la guerra, el amor, la muerte, los sueños y las meditaciones son el pretexto para que estos 180 escritores plasmen la vida cotidiana de un mosaico multicultural estadounidense que va desde la guerra civil, pasando por la gran depresión, las guerras mundiales, hasta nuestros días, y que abarca a ciudadanos de entre 20 y 90 años, pertenecientes a 42 estados. Aquí un vago ejemplo: Caso cerrado Durante mi adolescencia, en la década de 1950, fui a visitar a mis primos que vivían en Bloomington, en el estado de Illinois. Un día íbamos dando un paseo y discutiendo sobre la letra de una canción popular. Yo sostenía que la letra decía “un indio llamado Oso Erguido” y uno de mis primos afirmaba que decía “un indio andando muy erguido”. Mientras caminábamos vi un pedazo de papel tirado en la acera. Lo recogí y era la partitura de esa mismísima canción. Y ahí se acabó la discusión. Yo tenía razón, por supuesto. Jerry Hoke Torrance, California Auster acepta que las historias son muy cercanas a sus intereses como lector y como escritor. Pesé a que algunos críticos le reprochan la ausencia de ese urbanismo plasmado en muchas de sus obras, es reconocible –por los motivos que ya señalaba referentes al poco interés que los escritores muestran por textos “novatos” o poco literarios- la delicadeza de Auster para meterse en el proceso de recopilación y edición del libro; Auster sólo se ha convertido en el padre de 180 voces que logran arrebatar esa pedantería literaria que a veces ronda a los libros, para darle a la cotidianidad, a esos sucesos únicos en la vida, un escape centrífugo que con toda seguridad logrará arrebatar al lector un llanto, o una sonrisa. Paul Auster nació en 1947 en Nueva Jersey y estudió en la Universidad de Columbia. Es autor de “El país de las últimas cosas”, “La invención de la soledad”, “La Trilogía de Nueva York”, “Doctor Vértigo” y “Tombuctú”, y de los guiones “Smoke & Blue in the face” y “Lulu on the Bridge”.
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Creí que mi padre era Dios

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