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David Cronenberg Imprimir E-Mail
por Jessy Servín   
10 / 2003

La Leyenda del Cine Posmoderno: DAVID CRONENBERG

25 años de sumergirnos en la imaginación de un cine con contenido creativo, con argumentos tan irreverentes que van desde la enfermedad y la sexualidad, hasta la ciencia y la locura, y que sólo podían ser expuestos por David Cronenberg, la leyenda del cine posmoderno.

Durante su carrera, el director canadiense nos ha enseñado que el cine es una narración fantástica donde se organiza el orden y la reflexión, pero también nos ha inculcado una invención para comprender sus películas "Había algo en el cine que le quedaba como guante a mi temperamento".

Todo inició en Toronto, Canadá, un 15 de marzo de 1943 cuando Cronenberg nació y el primer elemento que se necesita para hacer una película se gestaba: el cerebro. Luego, el joven David, descubriría - de una manera muy aguda- el motor de su creatividad.
En aquellos días Cronenberg vivió intensamente el deterioro corporal de su padre a quien vio morir. "Él empezó a morir físicamente, pero no mentalmente. El cuerpo se fue, pero no la mente. Era una enfermedad desconocida. Empezó con colitis y se convirtió en una muy bizarra inhabilidad de su cuerpo (...). Fue bastante horrible".

Esta pérdida y posteriormente la de su madre, marcarían profundamente la vida y obra de Cronenberg, que para "desahogarse" compartía sus pensamientos con Isaac Asimov, de quien tenía varios libros y pronto se convirtió en su más grande admirador. De él aprendió la introspección obsesiva para hacer de sus personajes los seres humanos más reales.

Entre su filmografía figuran La mosca (The Fly, 1986) y Videodrome (Ídem, 1982) que no sólo significó el paso de Cronenberg de un cine más visceral, más físico hacia un viaje mucho más mental e introspectivo, que le llevaría hacer las mejores obras de su carrera.

No podemos olvidar la brutal Inseparables (Dead Ringers, 1988), cuya dureza visual y psicológica aún permanece intacta pese a los años pasados. Así como eXistenZ (Ídem, 1998) Crash de J.G. Ballard o la propia El almuerzo desnudo de William S.Burroughs.

David Cronenberg poseía la imaginación suficiente como para saber convertir lo imposible en lo imposible a través de lo posible "La razón porque tengo seguridad es porque estoy loco. La razón por la que soy estable es porque estoy chiflado. Para mí es evidente".

Cronenberg llegó al cine como un autor total y es que descubrió que este era el medio idóneo para expresar sus inquietudes, logrando así, dar sus primeros pasos con dos cortometrajes en 16mm. Según el propio director, sus dos primeros cortometrajes Transfer (1966) y From the Drain (1967) responden más a valores académicos que de interés artístico.

Transfer, en el que ejerce de director, guionista, cámara y productor, narra la conversación entre un paciente (Mort Ritts) y su psiquiatra y en como el primero le confiesa su completa dependencia. El segundo, en el que vuelve a ejercer todos los cargos posibles, narra la historia de dos veteranos de una futura guerra vestidos dentro de una bañera y cómo una planta mutante entra por el desagüe y estrangula a uno de ellos teniendo al otro como cómplice. Ya aparece claramente la temática fantástica como medio en que navegarán los personajes cronenbergianos.

Pero su primer largometraje "en serio" fue Parásitos Asesinos (Shivers) Protagonizada por Barbara Steele, legendaria actriz de cintas de horror, que se convirtió en una de las películas de más rápida recuperación comercial en la historia del cine canadiense, y pronto adquirió el status de filme de culto.

Cronenberg ha aparecido como actor en varias cintas de otros directores a lo largo de los últimos años. Estelarizó La raza infernal (Nightbreed), de Clive Barker, y formó parte del elenco de Todo por un sueño (To Die For), de Gus Van Sant, A la medianoche (Into The Night), de John Landis, Trial By Jury, de Heywood Gould, Resurrección (Resurrection), de Russell Mulcahy, y Jason X, de James Isaac, entre otras.

David ha traspasado una y otra vez las barreras de lo sano y el buen gusto, desplazándose por los caminos de lo desesperante y perturbador que puede ser el hombre. Hoy, a manera de homenaje reconocemos que el trabajo de Cronenberg entra en el genero de droga fílmica, aquella que aunque ya no se consume quedará impregnada en tu cerebro.

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